2025; de-la-Peña, 2026) señala que la lectura digital
implica procesos adicionales asociados a la navegación
de la información, integración de múltiples fuentes y
gestión de la atención en entornos interactivos y que las
et al., 2003). El modelo teórico E-Z Raider (Reichle et
al., 2003) explica que las diferencias en los movimientos
oculares pueden reflejar variaciones en la comprensión
lectora sobre todo en personas con algún tipo de
dificultad. Este modelo de activación secuencial de
procesos de identificación léxica y acceso al significado,
en el que se basa este estudio, postula que la
comprensión lectora está influida por determinados
parámetros del movimiento de los ojos, por ejemplo,
fijaciones, sacadas, regresiones, entre otros, que
permiten procesar la información durante la lectura y
están relacionados con factores como, por ejemplo, la
dificultad del texto y el conocimiento del vocabulario.
De esta manera, un estudiante que mientras está leyendo
encuentra palabras menos frecuentes o familiares
requiere mayor tiempo de procesamiento. Cuando el
lector encuentra palabras desconocidas, el acceso al
léxico es más ineficiente traduciéndose en mayores
tiempos de identificación de palabras y mayor demanda
de recursos cognitivos durante la lectura. Esta mayor
carga de procesamiento manifestado conductualmente
en los movimientos oculares, observándose fijaciones
más largas y regresiones y menor eficiencia en la
exploración de texto. De forma complementaria, la
hipótesis de la calidad léxica (Perfetti, 2007) destaca que
la calidad léxica de las representaciones léxicas es un
predictor clave en la eficiencia de la identificación y
acceso al significado de palabras, influyendo
directamente en la fluidez del procesamiento lector y en
los patrones oculares observables durante la lectura.
Kaakinen et al. (2015) hallan que los niños disléxicos
tienen fijaciones más largas y prestan menos atención a
los elementos relevantes. Actualmente, varios estudios
(Prabha & Bhargavi, 2020; Rizwana, 2019) ponen de
manifiesto que los movimientos oculares pueden
identificar estudiantes en riesgo en los años iniciales de
adquisición del proceso lector. Por otro lado, las
investigaciones indican que los estudiantes con
fijaciones más cortas (Southwell et al., 2020), menores
fijaciones en las palabras (de-la-Peña, 2024), mayor
amplitud de sacada (Krstić et al., 2018), menor tasa de
regresiones (Inhoff et al., 2019) y mayor rapidez en la
identificación y acceso al significado de las palabras
(de-la-Peña, 2024) tienen un mejor rendimiento en
comprensión lectora. Estas métricas oculares actúan
como indicadores conductuales indirectos de la
eficiencia de la identificación y acceso al significado
reflejando la dinámica temporal del procesamiento
lector; así, los patrones oculares más eficientes se
prácticas
lectoras
digitales
son
fenómenos
socioculturales complejos, en los que interactúa el
soporte, contexto y estrategias lectoras. En este
contexto, el análisis del proceso lector con distintas
técnicas, entre ellas, el seguimiento de los movimientos
de los ojos es una herramienta relevante para entender el
procesamiento de la información escrita en tiempo real,
permitiendo vincular estas implicaciones educativas con
el estudio de los mecanismos cognitivos implicados.
Para ello, se utiliza el eye-tracker que es una técnica no
invasiva permitiendo el rastreo ocular y proporcionando
un patrón perceptivo y cognitivo de cada persona. Esta
herramienta se ha aplicado al ámbito educativo y,
diversas investigaciones (Gerth & Festman, 2021; Kim
et al., 2019; Kornev et al., 2019; Strandberg et al., 2023)
evidencian relaciones entre medidas específicas de los
movimientos oculares y el proceso lector. Por ejemplo,
la duración de fijaciones, el porcentaje de regresiones o
la duración de las sacadas puede indicar la fluidez y
eficiencia de la lectura. Reichle et al. (2013) hallan que
las palabras de baja frecuencia generan fijaciones más
largas que palabras de alta frecuencia para el lector y
Hindmarsh et al. (2021) evidencian que los buenos
lectores realizan menos sacadas. No obstante, la
competencia lectora es un fenómeno complejo cuyo
desarrollo está modulado por la interacción de múltiples
factores cognitivos, afectivos y contextuales. Por
ejemplo, Pereyra et al. (2024) destacan el rol de
variables cognitivas memoria de trabajo verbal y
variables afectivas como tolerancia al distrés en
comprensión lectora y Jiménez-Pérez et al. (2021)
enfatizan la influencia de factores socioeducativos y
familiares como el hábito lector del estudiante y su
familia, inteligencia emocional y contexto educativo en
la competencia lectora.
En el ámbito concreto de la comprensión lectora, el
seguimiento ocular también puede informar de si un
lector se fija más en una palabra y tarda más en
reconocerla y entenderla, indicando una comprensión
más superficial o profunda de la información leída
(Méziére et al., 2023). A través de los parámetros de los
movimientos oculares se pueden distinguir los procesos
pre-léxicos (identificación) y pos-léxicos (acceso al
significado) durante la lectura y comprensión (Reichle
de-la-Peña, C. (2026). Identificación de las diferencias de movimiento ocular en lectores iniciales con buena y mala comprensión
lectora. Investigaciones Sobre Lectura, 21(1), 51–76.
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